Sobre el viaje por Colombia de Soho

El artículo de Soho puede leerae aquí.

Contar acerca de los sitios que el colombiano promedio no conoce puede ser una tarea apasionante sobre todo por el hecho de viajar y, si se es periodista, de poder recoger toda esa riqueza informativa que se encuentra en árboles, plantas, animales, personas, casas y muchos otros elementos que componen ese paisaje.
Contar con lujo de detalles (aunque obviamente con la incomodidad del espacio que normalmente puede llegar a ser reducido) y pintar en un escrito toda la travesía, el espectáculo y el conocer de un sector alejado, olvidado y al cual muchas veces ni se va a regresar.
La introducción al artículo prometía que cuatro de los más grandes cronistas de Colombia iban a contar sobre esos extremos de ese país desconocido al cual por su complicada accesibilidad no será conocido por muchos de nosotros.
Por esta razón empecé los artículos de la revista Soho con emoción. Pensando que iba a dar un paseo llevado por unas buenas plumas.
Mi desilusión es grande al ver que los nombres de los periodistas parecen no concordar con la calidad de los escritos. Algunas sólo son historias faltas de información, faltas de colores, que sólo demuestran que el periodista estuvo en la región y que gastó el dinero que le habían dado para la labor.
Hay un encuentro semirreal con esa patria olvidada en los textos, con esa desolación, con esa pobreza, con esa muerte, con ese olvido. Parece una visita superficial y sin una verdadera razón.
Por eso al releer el artículo para escribir estas líneas nuevamente me siento triste. No hay esa fuerza que esperaba sobre esa patria olvidada. Lo único que podría rescatar en este momento son las ganas que me quedaron de ir, esa idea de conocer y darle espacio a ese “nuevo” mundo que se levanta tranquilo, callado y tan cerca pero tan lejos de nosotros.

Y otro año más…

“Se tomaron la embajada, se tomaron el palacio yo lo vi en televisión”
(Mi generación, Poligamia)

El episodio del Palacio de Justicia no lo recuerdo muy bien, recuerdo haber visto las imágenes siendo un niño de 9 años por la televisión mientras jugaba puesto que no había mucho de donde elegir para ver (con solo dos o tres canales). Y así fue como lo seguí, desinteresado por el hecho que mostraban en el medio que no podía entender.
Pero para entender lo que de verdad ocurría debieron de pasar muchos años. Aunque, la verdad, sin entender del todo porqué los medios nos dejan vacíos para sólo informar (o desinformar en este caso) porque al final de cuentas esta es la hora que nadie sabe qué pasó allá.
Y pasa el tiempo y dejamos olvidado el hecho hasta que llega la fecha de ¿conmemorar? un número redondo de ese fatídico día y volver a escuchar la historia incompleta y a llorar por las víctimas y a no sé que más cosas mientras dura, porque al cabo de unos años será de nuevo otro capítulo de la historia guardada que solo se ha de recordar en otra “fecha importante”.
Y continúa la historia, impune y sin respuestas, como casi todas las historias en el país de las cuales sus protagonistas vivos se están haciendo viejos y se van a morir sin contarnos a los que llegábamos apenas esa verdad negada.
Y tocará buscar en periódicos y revistas y leer el montón de interrogantes que se dejaron y del cual los otros protagonistas desaparecieron bajo explosiones y humo sin, según dicen, dejar rastro.
Los hombres a pesar de que recuerden, repiten las historias. Contadas miles de veces y pasadas por generaciones. Algunas ni siquiera hubo que leerlas para que estuvieran presentes en el recuerdo. Así que no hemos aprendido la lección, seguiremos con los interrogantes y lo único que queda por hacer es volver a llorar en 5 ó 10 años que volvamos a retomar la historia de esos hechos que no sabemos si quedarán en un libro de historia para generaciones futuras.

Para empezar, siempre se hace una prueba… :)